martes, 16 de septiembre de 2014

Después de un tiempo

Bueno, pasó ya bastante tiempo desde el día del libro en Uruguay (día de la última entrada), espero que el blog no esté guardado en uno de esos cajones llenos de polvo de internet.

Los blogs que seguía cambiaron, mucho, se modernizaron, mejoraron, se perdieron, tomaron sus caminos pero, allí siguen, al firme.

Hoy llegué a mi casa y tenía un nuevo libro, "Emma al borde del abismo" de Márcos Vázquez, editorial TRILCE, ya con leer su contratapa parece un muy buen libro (también en su diseño, debo admitir que es lo primero que miro en un libro) así que, pienso leerlo y a la brevedad comentarles que me parece.

Pero, ya que vuelvo no voy a dejar la entrada en unos simples caracteres perdidos, digo yo...

Dejo un cuento también que está ya un poco perdido en mi computadora, lo escribí hace como un año

APARECIDA:

Y así con toda la duda en el pecho, ese pseudo escalofrío que lentamente se me adueñaba me acerqué, me le acerqué, o eso creí, creo que le  hable, creí hablarle al oído los más enamoradizos versos, ya estaba en aquel punto en el que el anhelo domina la realidad, la manipula, la transforma hasta envolverme en sus creencias.
¿me habré acercado? ¿le habré hablado?
Aquel calor tan particular me había hecho recordar, me había hecho pensar, pensar en ese amor, ese amor de uno, amor que a lo mejor, si me hubiera correspondido podría estar en presente pero, ahí quedaste, como buena utopía, confundiendo el alma, enamorando al alba.
En el quinto aguacero ya dolía cada gota, casi como puñal al pecho cuando, de entre las sombras, te vi venir, aparecías como un reflejo entre cada lagrima de cielo, te soñaba, me mirabas y te ibas. Cada aparición, como una caricia al alma me desbordaba de sonrisas, me aumentaba la dicha y me resplandecía de alegría y luego, tras el punto de la euforia, como buen oasis de desierto desaparecías, sin más.
Cuando por fin tomé la iniciativa, te vi, te vi aparecida, ahí, en el mismo lugar de siempre, entre cada gota, esa vez, cada gota de rocío te embellecía aún más, te vi y me levanté, caminé, por primera vez tu sonrisa era real, perfecta, se asomaba tímidamente, se dibujaba como una línea disimulada entre tu rostro, tu piel, ésa piel.
Tal como aquella vez, tal como todo el invierno sentí la lluvia, sentí como un constante caer de la lluvia golpeaba contra la ventana, decidí salir, no sentí la lluvia, no sentí el frío, no sentí…
 Y ahora, en este lado del mundo, donde todo es eterno, ya nada importa, no importan las circunstancias, si la muerte fue por tristeza, por alegría, por soledad o por anhelo, aquí estoy, pasando las horas llenando de letras papeles que jamás te llegarán, jamás le llegarán a esa dama de la noche, a ese oasis de felicidad en medio de desilusión, aquella luz en medio de cada noche fugitiva.
Fuiste testigo de los mejores desvelos, noches de café, café para verte. Nunca te pude hablar, nunca me quisiste hablar, solo iba a verte aparecer en cada llovizna, cada noche, cada día.
Y ahora, de nuevo ese dolor, el mismo dolor en el que apareciste, y sin siquiera pensarlo, comencé a recordar.
Quizás si no hubiera ido a aquel parque nada hubiera sucedido, aquel lugar lleno de desesperanzas y en el medio, en el medio yo, sin ganas.
No hubiera conocido el amor, no hubiera conocido la desolación, no hubiera conocido la soledad. A este amor no le importaban los resultados, los significados, las realidades.
Este amor no era real pero me trajo la más crueles de la realidades, la realidad propiamente dicha, la desolación.
Quizás eso necesitaba, quizás necesitaba no estar, estar acá, como ya dije, del otro lado del mundo.
Supiste a la perfección cuando, donde y como aparecer, sin preguntarlo, simplemente tu intuición de damisela, y yo, absorto de tu felicidad, tu sonrisa, tu existencia, tu paz.
Sentarme, esperar a que el último rayo de sol se esconda a lo lejos, allá, en el horizonte, esperarte y por fin, lograr verte, apreciar tu figura, tu sencillez, fue sin dudas uno de los mayores placeres de la vida, el amor en estado puro, sin presiones, sin obligaciones.
Ni el mejor de los blues, ni el mejor escritor podrá jamás siquiera entender la situación, comprenderme, comprenderte.
No puedo siquiera armar la historia, los flash de recuerdo son eternos, son mi felicidad, mi esperanza y mi desesperanza al mismo tiempo.
Como buena guía transformaste toda teoría en realidad pero, acá, acá no estás, no estás vos, no está tu magia, me quedé sin sueño, sin vida, sin amor y sin tu alegría.
Tiemblo al pensar que ahora, en este instante estarás ahí, rondando otros sueños, desarmando otras mentes, encendiendo corazones y avivando otras pasiones, desarmando otras ilusiones.
Y aquí estoy, errante, soñante, esperanzado de que algún día te llegue la hora, ilusionando mi mente con que seas real, mortal y algún día, te vea por acá, te mire a los ojos, ver el contraste de frialdad, amor, romance, pasión y deseo y recordar, por fin con claridad, los más bellos sentimientos.
Pero claro, por acá parece que el verdadero amor no existe, que quien más se enamoró, más iluso tuvo que ser pero, ¿cómo no enamorarme de la perfección? ¿Cómo no enamorarme del deseo? ¿cómo no sentir pasión?


Y ahí, en cada sueño, en cada anhelo, en cada esperanza, en cada deseo, ahí estás vos. 

1 comentario:

  1. Hola.! Te he nominado a los premios DARDOS.! . :)
    http://tamyylibros.blogspot.com/2014/09/otra-vez.html

    Saludos.!!!

    Tamy♥

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